Duelo

El duelo: qué es y cómo actuar

El duelo: qué es y cómo actuar

El duelo se entiende comúnmente como el proceso por el cual se sufre y se gestiona la pérdida de un ser querido. Sin embargo, también hablamos de duelo en muchos contextos y modelos teóricos cuando hacemos referencia a la situación de pérdida o abandono que se sufre ante la pérdida de algo importante para nosotros: el empleo, la casa, la amistad, un determinado valor o principio, una capacidad o habilidad, una etapa vital… En definitiva, podría decirse que cualquier pérdida conlleva un duelo, y que, según el vínculo o el papel que dicho ser o circunstancia supusiera para nosotros, lo vivenciaremos como más o menos doloroso, soportable, resoluble…

Habitualmente, el proceso de duelo abarca una duración determinada a partir de la cual se incorpora la pérdida como un suceso natural o inevitable en nuestra vida. Tras ello, la persona incluye en su experiencia el dolor sufrido con una paulatina disminución del grado de dolor, inmovilidad o bloqueo que produjo en su inicio. Sin embargo, hay que empezar a tomar medidas cuando dicho proceso se convierte en un modo de vida, se recuerda el suceso constantemente, no se avanza tras  el proceso inicial de negación o rechazo, o simplemente la pérdida pasa a dar sentido a la vida de la persona doliente. En este caso estaríamos ante un duelo patológico, que requiere atención terapéutica por las secuelas que puede imprimir en la salud mental de la persona.

En el duelo podemos atravesar (Zurita y Chías, 2009) una primera etapa de negación y de racionalización a la que suelen seguir sentimientos de rabia, miedo, tristeza y finalmente aceptación, que desembocan en el perdón, la gratitud y el desarrollo de nuevos apegos (etapa de finalización o cierre del duelo). Pasar por estas fases es frecuente e incluso necesario, pues lo adecuado en estos procesos difíciles —y puede que traumáticos— es dejar que las emociones fluyan de forma natural y permitirnos sentir todos los afectos que nos invadan, por negativos o inútiles que puedan parecernos desde una perspectiva lógica.

Así pues, ante el propio duelo habremos de centrarnos en permitirnos pensamientos y sentimientos que favorezcan la gestión emocional y promuevan la transición a etapas posteriores que nos orienten a un cierre adecuado del proceso. La culpa puede aparecer con frecuencia, pero es otro sentimiento que ha de canalizarse permitiendo su expresión.

Cómo ayudar en el duelo

Por otro lado, si se trata de apoyar a una persona que está atravesando un duelo, hay algunas cosas que podemos hacer para ayudar:

—Realizar una escucha activa, evitando interrumpir. Tan solo hemos de estar al lado del doliente, escuchar, mostrarnos cercanos y con una actitud física reconfortante y respetuosa, evitando comportamientos físicos invasivos (exceso de caricias, de contacto físico o similar).

—Evitar expresiones populares como “no te preocupes”, “pasará”, “ya era mayor”, “ya no sufrirá”, “tienes que seguir adelante”. Eso no consuela al doliente y genera en él un sentimiento importante de incomprensión que bloquea un duelo adecuado e impide la necesaria expresión emocional.

—Olvidarse de dar consejos si no nos los piden. La persona que sufre necesita fundamentalmente que la escuchen y empaticen con ella. Todo consejo que podamos dar estará más cerca de las necesidades que suponemos en nosotros en esa misma situación que de las que esa persona manifieste. En cualquier caso, nuestro consejo, una vez solicitado, debería traducirse en un “yo en tu lugar creo que haría…” en vez de en “lo que tienes que hacer es…”. Esta última forma es imperativa y refleja ausencia de verdadera empatía una vez más.

—Focalizar el interés en las emociones y pensamientos positivos que emite el doliente, con el objetivo de que sirvan de anclaje a la normalización del proceso.

—Facilitar que la persona que sufre continúe prestándose atención y cuidados, evitando que caiga en el abandono, promoviendo el desarrollo de actividades que pueda realizar de forma natural y sin presiones, paulatinamente.

—Evitar apremiar a la persona a que pase cuanto antes esa situación dolorosa, así como facilitar la visión, relación… con objetos, situaciones y personas que recuerden a la persona fallecida o al objeto de duelo.

 

 

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